La interacción reciente entre los gobiernos de Irán, Estados Unidos e Inglaterra lejos de personificar una escena de alta diplomacia, se parece a una mala película del cine mudo. Dos eventos recientes confirman esta triste realidad. Por un lado, la crisis mediática entre Irán y la Gran Bretaña sobre la detención de unos marinos ingleses en supuestas aguas territoriales iraníes.
Tuve la oportunidad de estar en Teherán al día siguiente de la liberación de los marinos ingleses. Los encabezados de los periódicos a mi disposición en ingles y en persa se referían al gesto magnánimo del Presidente Mahmoud Ahmadinejad. Las fotos incluían a los marinos sonrientes, vestidos de traje gris, recibiendo regalos del régimen que les permitía regresar a sus hogares. La televisión estatal celebraba la misma verdad.
Pocos días después, los mismos medios reportaban con sarcasmo que los marinos desde Londres declaraban haber recibido presiones de sus captores iraníes. El editorialista principal del diario Teherán Times reprochaba al gobierno de Tony Blair que en lugar de agradecer la generosidad del pueblo de Irán, obligaba a los marinos a mentirle al mundo. Así, cada sordo defendía su propia verdad.
La segunda puesta en escena sucedió hace unos días en Egipto durante la Conferencia para atender la Crisis de Irak. Resulta que en la cena de gala, los anfitriones egipcios sentaron en la misma mesa a los Secretarios de Relaciones Exteriores de Irán y de los Estados Unidos. La idea tenía sentido, ambos gobiernos tienen mucho que ver con el futuro de Irak y rara vez hablan entre sí.
El primero en llegar fue el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, quien al darse de cuenta del acomodo de la mesa decidió retirarse antes de cenar. Al despedirse de su anfitrión explicó que debía irse pues la violinista vestía inapropiadamente. El portavoz americano declaró al día siguiente que no quedaba claro a que mujer le tenia mas miedo el Ministro Iraní, si a la violinista o a la Secretaria Condoleezza Rice. Aquí hubiera sido mejor que los dos protagonistas de verdad hubieran enmudecido.
Para ABC Radio, desde Líbano, Enrique Ochoa Reza, www.enriqueochoareza.com